7.4.11

Jaula de Oro

Vivió una vez un príncipe, el menor de todos sus hermanos, en un hermoso castillo. La vida trascurría dulce y amable mientras el joven príncipe crecía arropado por su familia. Pero un día descubrió que existía un mundo mayor más allá de las fronteras del reino de sus padres.



El príncipe imploró a sus majestades poder explorar tan basto mundo, pero estos se negaron rotundamente a que el joven príncipe viajase por el mundo. Con el tiempo los hermanos del joven príncipe abandonaron el reino pudiendo conocer tan basto mundo, pero el joven príncipe estaba encerrado. Solo su pasión por el dibujo pudo hacer que soportara tal encierro, y más tarde una obsesión por conocer el mundo lo llevó a sumergirse en el mundo académico. Perdido entre miles de páginas navegaba a la deriva, no sabía que buscaba y poco a poco se hundía en el abismo, alejándose de sus sueños. Poco apoco los brillantes ojos marrones del príncipe se fueron apagando, se escapaba la energía vital de su cuerpo. Sumido en la rutina solo pudo hundirse en el fracaso, rechazó el mundo académico pro no comprender sus reglas y se sumió en la necesidad de ser un fracaso como persona. Entonces por un momento, al cerrar los ojos, vio claramente la jaula de oro que era su vida en ese momento y finalmente como el pájaro encerrado que era dejo de cantar por el mundo exterior.

La tristeza que inundaba el corazón del príncipe golpeó a sus padres, y tomando una decisión sin precedentes dejaron partir al príncipe en busca de sus sueños. El príncipe sorprendido no sabía cómo reaccionar ante tal noticia y sintió renovada su pasión por las artes. Con lo que marchó a un reino lejano para estudiar las artes del dibujo, este reino no era un reino de reyes y reinas. Descubrió que no todas las personas eran puras y nobles, se sintió solo, muy solo. Pero su determinación por conocer el mundo hizo que apareciese, como por magia una joven noble que el mostró un emplazamiento cercano. A partir de ese día los dos jóvenes se hicieron compañeros y compartieron grandes momentos juntos. También apareció de repente un extraño ermitaño, que si bien se mostraba frio y distante acogió al príncipe como su protegido y le mostro a un grupo singular de personas. Todas estas personas eran fabulosas y fascinaron al príncipe. Tras unas sesiones con esta gente fuertes alzos de amistad se forjaron. Un hermoso y apuesto caballero, gentil y dulce como la miel caliente decidió conocer al príncipe y así decidieron mutuamente compartir las tardes doradas de otoño y las frías de invierno. Sin saberlo el joven príncipe comenzó a sentir algo diferente por el caballero.

¿Podría ser amor? Se preguntó el joven príncipe, tenía que serlo. Una energía tan fuerte, tan pura, no podría ser otra cosa. El príncipe envió señales al caballero, pero este parecía no percatarse. El caballero enseñó al príncipe a ser más amable y gentil consigo mismo, le enseño que cuidarse no está mal que es necesario para alcanzar los sueños. Pero uno de los sueños del príncipe no se cumplía y parecía imposible… aunque el príncipe lo intentaba cada vez con más fuerza el caballero no respondía a su llamada. Y nuevamente, el príncipe se sintió desesperado. Hasta que un día un astuto zorro dejó una nota en la ventana del príncipe, el zorro arrogante y presuntuoso desveló ante los ojos del príncipe los sentimientos del caballero. Tomando una decisión crucial el príncipe declaro sus sentimientos al caballero abiertamente. Y aquella madrugada de enero fría y vibrante. Un beso caldeo el aire del reino dejándolo tibio y taimado.

Esa noche un milagro ocurrió y brotaron de la espalda del príncipe unas pequeñas alas doradas. El príncipe dio las gracias a su amado, al universo y comprendió que merecía ser amado. Que la bondad podía entrar en su vida.

1 comentario:

miguel_friass dijo...

oi que cosa mas bonita as escrito andres!