19.8.10

Segundo a segundo

Vivía perdido, no tenía  a nadie cercano a quien poder llamar. Como un perro vagabundo pululaba por la ciudad, invisible para los ojos de la gente, se mecía entre las olas de una civilización cruel y déspota que abandona  sus hijos  ala primera de cambio. No siempre fue así una vez conoció el amor, pero también el dolor…


Ahora lo único que el quedaba era una foto ya desvencijada, en la que apenas si se suponían los rasgos de una mujer joven, con una niña. Además de eso tenia en propiedad un penique y una caja metálica de caramelos, gastados hace ya años. Cansado por la incesante caminata sin saber a donde encontró un hermoso arco de mármol blanco, puro como la nieve, que le daba la bienvenida a un parque. Cruzo la horrible puerta metálica que supuso bloquearía el paso al parque por la noche y se perdió entre robles y abedules, siguiendo un camino pequeño de adoquines amarillos llego hasta un pequeño lago, algo más grande que un estanque, pero bastante profundo. Los peces miraban con ojos incrédulos al extraño visitante y aleteaban cercad del agua pidiendo alguna migaja, sin comprender que aquel hombre necesitaba más que ellos las mismas. Sin embargo el hombre cayo en la cuenta de que aún le quedaba una galleta del desayuno y, moliendo la antes en su mano, arrojo la misma al agua. Los peces jugueteaban coquetos buscando las migas de la galleta. Seducido por la danza sinuosa de las carpas y algo cansado, se tumbo a observar los peces bajo un sauce llorón. Una vez tumbado y más relajado se percato del trinar de los diferentes pájaros que habitaban el parque, y como si de una canción de cuna se tratase se durmió, vencido por el sueño y el cansancio.

Escucho su nombre entre las sombras una y otra vez sentía la llamada, una voz suave, dulce y femenina que repetía su nombre en un susurro. Mas el susurro resonaba con la fuerza de un grito y producía en su corazón una sensación de calma y alivio que creía ya olvidadas y desterradas. Cuando se giro para ver quien llamaba una torre de luz violeta lo rodeó, sumergido en un torrente de luz infinito su cuerpo comenzó a cambiar, se sanaron sus heridas físicas, mentales y espirituales. Entonces de súbito despertó y vio rodeada por un halo de luz solar la figura de una mujer inclinada sobre su cuerpo con las manos situadas sobre su corazón. Giró la cabeza y vio a su derecha un paquete y a su izquierda un libro. Cuando la mujer se percato de que estaba despierto se levanto de inmediato balbuceando palabras en español que el hombre apenas entendía. Cuando se incorporó la mujer le señalo el libro y el paquete y salió corriendo, el hombre sorprendido solo alcanzo a gritar, con acento británico, un gracias en español para la muchacha.

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