1.8.10

Despertar

Desperté, súbitamente, cuando atolondrado por la gracia de la mariposa que perseguía en  sueños tropecé cayendo al oscuro vacio. Salir del reino de Morfeo de esta forma nunca es agradable, un sudor frio recorre mi cuerpo, lentamente mientras el halito helado del viento de levante ayuda a bajar la temperatura de mi cuerpo. La fina escacha que comenzaba a formarse sobre mi piel desnuda se quiebra haciendo ruidos sordos en el ambiente.


El reloj digital de la pared marca las nueve de la mañana, como siempre el reloj analógico esta parado con la manecilla larga en el 9 y la corta cerca del 4. Un ruido sordo se escucha abajo, el periódico de la mañana debe haber llegado. Me visto con lo primero que encuentro en el montón de ropa que habita mi escritorio, esta hoy tocan una camiseta gris y unos pantalones vaqueros azules. De camino a la cocina me encuentro con la cesta de la ropa limpia en el rellano y cojo dos calcetines que, por suerte, resultan ser pareja. En el pequeño recibidor me calzo las deportivas y recojo de la puerta el periódico del día.  Una vez en la cocina lo amontono sobre una pila de periódicos idénticos, todos marcan el día 13 de Abril, con el de esta mañana son 10. Si los cálculos no estaban mal el ciclo acabaría al día siguiente, con el comienzo del mismo. Aún así desearía tener un poco más de tiempo para preparar su llegada, claro que no me puedo permitir perder diez días más, quizás alguno menos si la investigación a salido bien. Con los últimos experimentos logré pasar de un ciclo de un mes a un ciclo de diez días, y si mis cálculos son correctos con las nuevas modificaciones de la formula el ciclo debería ser de un día.

Pero no tengo tiempo que perder, debo preparar los materiales para la sociedad de ciencias paranormales y limpiar la casa para recibir a Alex. Estos diez días extra también le han venido bien a él para terminar su proyecto, con lo que debería llegar después del medio día de mañana. No termino de comprender como una rata de biblioteca como el puede mantener una relación con un ser tan raro y extraño como yo. De todas formas nuestras vidas fluyen alegremente desde aquel frio día de enero, aunque suplamos los efectos de la distancia eso parece que no hace retroceder el cauce de nuestra relación.

Un ruido algo estrepitoso resuena en la casa, procedente de varias habitaciones. Una llamada telefónica esta rompiendo la  quietud que se supone debería reinar en la casa, en diez días es la primera vez que se produce esta llamada. Contesto algo alterado al teléfono, al otro lado de la línea una voz fría me convoca para una reunión urgente. El Decano de la Facultad de Estudios Áuricos quiere verme inmediatamente. Me preocupa esta llamada ya que se suponía nadie perturbaría la paz del día de hoy, escogido para el ciclo precisamente por eso. Meto mi documentación y mi cuaderno de campo, junto con mi fiel lápiz, en mi mochila de mensajero, cierro las ventanas y la puerta de casa con las llaves y me dirijo hacia la boca del subterráneo que está a unos cincuenta metros de casa. Bajando las escaleras me encuentro con algunos vecinos que vuelven de hacer la compra y me recuerdan que dentro de dos días se celebra el Aquelarre de Géminis. Una vez en el andén no pasan ni dos minutos hasta que llega la serpiente que me llevará a la estación de Ring, donde debo pillar la línea dorada que me llevará hasta la universidad. El viaje en lombriz es cómodo y silencioso, uno podría esperar peores cosas siendo lombrices pero los interiores son impecables y estás criaturas alquímicas han demostrado ser de gran utilidad, además de autenticas joyas de diseño industrial, ya que limpian los conductos y los mantienen fuertes gracias a una sustancia que segregan.

Tras un viaje de veinte minutos llego a la universidad y me apresuro al despacho del decano. Cuando voy a golpear con mis nudillos la puerta, esta se abre. La áspera y severa mirada del viejo vidente me recibe y sin decir palabra me siento con la cabeza baja delante de su escritorio… 

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